El glaucoma no tiene cura. El tratamiento adecuado y un seguimiento regular puede conservar la visión residual evitando daños mayores. Existen varios medicamentos para reducir la formación de líquido dentro del ojo o facilitar el drenaje del ojo. Para la mayoría de los pacientes con glaucoma, el uso regular de medicamentos es suficiente para controlar la presión dentro del ojo. Sin embargo, si el control de la presión no es satisfactorio, otras modalidades como el láser o la cirugía pueden ser consideradas.

El  tratamiento más eficaz pasa por un diagnóstico lo más pronto posible. En la consulta, el oftalmólogo mide la presión intraocular mediante un aparato denominado tonómetro.

Recientemente se han introducido sofisticados aparatos que permiten determinar la presión intraocular de manera muy exacta sin que exista contacto con el ojo. Algunas clínicas disponen del analizador de respuesta ocular (ORA) que permite tomar medidas muy precisas incluso en pacientes operados.

El oftalmólogo también examina el fondo de ojo del paciente para comprobar el estado en el que se encuentra el nervio óptico. En los casos en los que existe una sospecha de enfermedad inicial, se realiza una prueba más precisa denominada campimetría computerizada.

Otra de las más recientes incorporaciones al diagnóstico del glaucoma es la utilización de la tomografía óptica de coherencia. Esta tecnología permite realizar un estudio rápido y sin molestias para el paciente del estado en el que se encuentran las distintas capas que componen la retina y el nervio óptico. Esto permite poner de manifiesto alteraciones glaucomatosas de la forma más precoz posible en el paciente no diagnosticado de la enfermedad. Al mismo tiempo permite comprobar la evolución de la enfermedad en los pacientes ya diagnosticados de la misma.

Elderly man at the optician's for vision test.

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