Conoce cómo se mide la presión intraocular, su relación con el glaucoma y por qué tener una presión ocular normal no descarta esta enfermedad.

La presión intraocular (PIO) es la presión que ejercen los líquidos del interior del ojo sobre sus estructuras. Depende, principalmente, del equilibrio entre la producción y el drenaje del humor acuoso, un líquido transparente que nutre determinadas partes del ojo y ayuda a mantener su forma.

Medir la presión intraocular permite detectar valores elevados que pueden aumentar el riesgo de desarrollar glaucoma. Sin embargo, este dato debe interpretarse junto con otros factores, ya que tener la presión ocular elevada no significa necesariamente padecer glaucoma, y presentar valores normales tampoco lo descarta.

¿Cómo se mide la presión ocular?

La tonometría es la prueba que permite medir la presión intraocular. Se realiza habitualmente durante una revisión oftalmológica y existen diferentes métodos para obtener esta medición:

  • Uno de los más utilizados es la tonometría de aire, que dirige una pequeña ráfaga de aire hacia la superficie del ojo. Es una prueba rápida y no invasiva. 
  • También puede emplearse la tonometría de aplanación, que mide la presión mediante un instrumento que entra en contacto con la córnea después de aplicar anestesia tópica.

El resultado suele expresarse en milímetros de mercurio (mmHg). Aunque se utilizan valores de referencia para interpretar la medición, no existe una cifra que permita determinar por sí sola si una persona tiene glaucoma. La evaluación debe tener en cuenta las características individuales del ojo y los resultados de otras pruebas.

¿Qué relación existe entre la presión intraocular y el glaucoma?

El glaucoma es un grupo de enfermedades que dañan progresivamente el nervio óptico, encargado de transmitir la información visual desde el ojo hasta el cerebro. La presión intraocular elevada es uno de los principales factores de riesgo porque puede contribuir a ese daño.

No obstante, el glaucoma también puede aparecer en personas cuya presión ocular se encuentra dentro del intervalo considerado normal. Es lo que se conoce como glaucoma de presión normal. Por otra parte, algunas personas mantienen una presión elevada durante años sin desarrollar daño en el nervio óptico, aunque necesitan seguimiento para controlar su evolución.

Por eso, la tonometría es una herramienta importante, pero no basta para diagnosticar ni descartar el glaucoma.

¿Qué pruebas ayudan a detectar el glaucoma?

Hay que tener en cuenta que el glaucoma puede avanzar sin síntomas evidentes durante sus primeras fases. Por eso, las revisiones oftalmológicas periódicas son especialmente importantes, sobre todo a partir de determinadas edades y cuando existen antecedentes familiares, presión intraocular elevada u otros factores de riesgo. 

Para valorar la salud del nervio óptico, el oftalmólogo puede realizar una exploración del fondo de ojo y solicitar pruebas complementarias, como la tomografía de coherencia óptica (OCT), que permite analizar las fibras nerviosas. También puede evaluar el campo visual para identificar posibles pérdidas de visión periférica y medir el grosor de la córnea, un factor que influye en la interpretación de la presión intraocular.

La combinación de estas pruebas permite obtener una valoración más completa y detectar alteraciones que podrían pasar desapercibidas en una medición aislada.

No esperes a notar cambios en la visión para acudir a nuestros oftalmólogos. Las revisiones oftalmológicas periódicas permiten evaluar la presión intraocular y detectar posibles alteraciones a tiempo . Pide una cita en tu Clínica Vista Oftalmólogos más cercana y confía en nuestros profesionales para cuidar tu visión.