Además de afectar al aparato respiratorio y al sistema cardiovascular, el humo de tabaco también puede afectar de forma nociva a la vista.

El efecto nocivo del humo del tabaco para nuestros ojos es mayor de lo que puede parecer en un principio. Nuestros globos oculares deben estar hidratados de manera constante, puesto que la sequedad ocular puede provocar lesiones.

El humo del tabaco contiene partículas nocivas que resecan e irritan nuestros ojos. Esto es debido a que dichas partículas favorecen la evaporización de la lágrima. Es por esto que la falta de humedad en el ojo podría suponer un problema, ya que la lágrima es la encargada de lubricar, humidificar y nutrir la superficie del ojo.

La sequedad en los ojos puede dar origen a irritación, malestar o conjuntivitis y, con el tiempo, puede derivar en consecuencias más graves como:

  • Cataratas: Es una afección del cristalino, parte del ojo encargada de enfocar los objetos próximos y lejanos. Es el motivo más común de pérdida de visión en personas mayores de 40 años y es la causa principal de ceguera en el mundo.
  • Degeneración macular: Es otra de las principales causas de ceguera. En este caso, es la mácula ocular la que se ve afectada. Esta se encuentra en el centro de la retina y es la responsable de la visión central. Las probabilidades de que un fumador padezca degeneración macular por el humo del tabaco es tres veces mayor de que la padezca una persona no fumadora.

Algunos consejos básicos para proteger tus ojos de estas dolencias podrían ser:

1. Dejar de fumar o no frecuentar lugares cargados de humos.
2. Proteger los ojos de los rayos UV con gafas de sol preparadas para ello.
3. Realizar controles oftalmológicos regularmente a partir de los 40 años.
4. Parpadear de manera frecuente para evitar la sequedad e irritación ocular.
5. Descansar la vista cada 20 minutos, si sometemos nuestros ojos a sobreesfuerzos como leer, usar el móvil etc.
6. Tener buena higiene ocular.
7. Mantener una alimentación equilibrada. Así evitaremos elevar nuestra tensión arterial, el nivel de azúcar alto o de colesterol.

Tras dejar de fumar se reduce considerablemente el riesgo de padecer algunos trastornos oculares. Además, detectar anomalías a tiempo puede ayudar a reducir la progresión de patologías más graves o incluso la ceguera.